Este paradisíaco balneario está ubicado en el kilómetro 298 de la ruta 9; situado en la costa atlántica rochense, rica en sorpresas y diversidad. Punta del Diablo impacta al visitante desde su arribo. En este lugar la escenografía no está armada. Es un verdadero pueblo de pescadores cuyos habitantes permanecieron durante años aislados y abocados a la pesca del tiburón.
Al atardecer, se pueden observar las chalupas de color naranja sobre la arena, mientras que temprano, por la mañana, el fruto de la pesca ya se encuentra en los diversos emprendimientos gastronómicos, asegurando frescura en los platos que se sirven en los pequeños y pintorescos restaurantes. Porque, en Punta del Diablo, salir a cenar mariscos y pescados es una obligación.
La arquitectura del lugar es informal porque con ese grado de informalidad creció el pueblo. Sin embargo, hay cierta continuidad en su aire rústico, de aldea marina.
En el extremo de la punta rocosa, numerosos puestos de venta de artesanías confeccionadas con vértebras de tiburón le dan un toque aún más pintoresco al conjunto del pueblo.
Las playas merecen un párrafo aparte: son, simplemente, espectaculares. Al sudoeste está la Brava, con olas que cortan el especial verde azul del mar con una espuma blanquísima. Para los más chicos es ideal la Mansa, una tranquila y enorme bahía resguardada del viento.
Dada la abundancia de rocas, es fácil recoger algas y un plato típico del pueblo son los buñuelitos de algas.
Un lindo paseo desde Punta del Diablo consiste en alquilar un carro tirado por caballos y llegar por la playa hasta el Cerro de la viuda, con extrañas formaciones rocosas.
En este pueblo rústico es muy común no sólo el alquiler de ranchos, sino también hospedarse en los conjuntos de cabañas perfectamente equipadas para la comodidad del turista.
Pero Punta del Diablo no se encuentra aislada, sino que es parte
de una cadena de atractivos turísticos, que hacen de Rocha uno de los departamentos más visitados del país.
Alquiler de casas en Punta del Diablo.
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